26 años de la masacre de El Salado: memoria viva de un pueblo que se resiste al olvido
16 de febrero de 2026
Hoy se cumplen 26 años de uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de Colombia: la masacre de El Salado, ocurrida entre el 16 y el 21 de febrero del año 2000 en este corregimiento del municipio de El Carmen de Bolívar, en la región de los Montes de María.
Durante cinco días, aproximadamente 450 paramilitares, apoyados por helicópteros, irrumpieron en el territorio y asesinaron a 60 personas que se encontraban en estado de total indefensión. La violencia no solo dejó víctimas fatales, sino que sembró el terror en toda la comunidad, provocando el desplazamiento forzado de sus habitantes y convirtiendo a El Salado en un pueblo fantasma.
De las cerca de 7.000 personas que habitaban el corregimiento antes de la masacre, apenas 730 han retornado hasta hoy. El resto permanece disperso, cargando las secuelas del desarraigo y el dolor.
La masacre de El Salado hizo parte de la más sangrienta escalada de violencia masiva registrada en Colombia entre 1999 y 2001. En ese periodo, solo en la región de los Montes de María se perpetraron 42 masacres que dejaron 354 víctimas fatales, reflejo de la disputa armada por el control territorial y de las graves consecuencias de la estigmatización de la población civil atrapada en el conflicto.
Los informes de reconstrucción histórica han documentado con rigor lo sucedido, evidenciando cómo la población fue señalada y puesta en medio de la confrontación entre actores armados. Estos documentos no solo esclarecen los hechos, sino que constituyen una invitación a la sociedad colombiana a reconocer lo ocurrido, a solidarizarse con las víctimas y a respaldar sus demandas de verdad, justicia y reparación.
A 26 años de esta tragedia, El Salado no es solo símbolo de horror, sino también de resistencia. La memoria de quienes perdieron la vida permanece como un llamado a no repetir la historia y a fortalecer los procesos de reconciliación y construcción de paz en el país.
Hoy, más que nunca, recordar es un acto de dignidad. Por Vanessa Briceño V.





